lunes, 19 de mayo de 2014




AMOR ADOLESCENTE



Lo suyo podia decirse que era realmente un amor adolescente. Para ambos era su primer amor y aunque bastante jóvenes los dos, lo cierto es que tanto José Maria como Inmaculada hacia ya años que habian dejado atrás la adolescencia.

Compartían profesión, si bien desempeñaban su trabajo en distintos lugares dentro de la misma ciudad.

Se habían conocido de manera casi casual en un curso de formación en el que se pretendía perfeccionar los sistemas de trabajo encaminados a una mayor eficiencia en sus respectivos cometidos.

La primera vez que sus miradas se cruzaron, ambos sintieron una cierta sensación de simpatía que en un principio asumieron como algo natural pero que les impulsó a estar próximos durante todas las jornadas que duró el ciclo formativo.

Conforme iban transmitiéndose ideas, inquietudes y puntos de vista se daban cuenta de que era mucho lo que compartían y la inicial simpatía se iba transformando en un sentimiento más profundo, pero que ninguno de los dos parecía querer reconocer.

Con tristeza vieron como acababa este ciclo formativo, asumiendo que cada uno iba a volver a su vida y a su trabajo y que no tendrían demasiadas oportunidades de coincidir nuevamente, a menos que alguno de los dos provocara un nuevo encuentro, cosa que tanto a el como a ella les parecía poco probable.

No obstante, a los pocos dias José Maria la llamó por teléfono solicitándole una cita para cambiar impresiones sobre como estaban resultando en la práctica las enseñanzas recibidas en el cursillo realizado. Ella aceptó y se vieron en un paseo frente al mar donde caminaron durante horas charlando animadamente.  Iban bastante juntos y de vez en cuando, quizás de forma deliberada, rozaban el brazo de uno con el otro  y cuando esto se producía sentían una especie de calor que les inundaba todo el cuerpo.

Los paseos se iban repitiendo y de vez en cuando, como algo natural dentro de la conversación se cogían las manos con ternura y posiblemente con algo de vergüenza.

En uno de los paseos, en un momento en el que todo su entorno estaba solitario, él aproximó su boca a la de ella y aunque con bastante torpeza permanecieron besándose durante unos segundos.  Después continuaron el paseo en silencio y se despidieron sin más.

No advirtieron que desde un edificio próximo alguien les había visto.  Era uno de los compañeros de profesión que también había asistido al cursillo en el que se conocieron.

Al día siguiente, uno de los superiores de José Maria le llamó y le hizo saber lo improcedente de su actitud con Inmaculada, así como la manera en que estaba frustrando las expectativas que se habían puesto en su carrera profesional.

Esa misma tarde, José Maria aceptó un puesto como Secretario del Obispo en una Diócesis a mas de setecientos kilómetros de distancia.

Sor Inmaculada también fue llamada al orden, pero ella con mayor claridad de ideas, se limitó a dejar el convento.

martes, 6 de mayo de 2014




ZAPATOS.- (LA VERDADERA HISTORIA DE CENICIENTA)
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Aquella noche el Hada Madrina habia realizado su gran milagro.  La calabaza era una magnífica carroza, los ratones briosos corceles, el perro un elegante cochero y Cenicienta lucia un maravilloso vestido.

En la puerta del palacio se apeó de la carroza y penetró en el salón de baile.  Con su casi metro ochenta, sus medidas de 90.60.90 y su generoso escote, dejó a los asistentes admirados.

El Príncipe advirtió inmediatamente su presencia y se dirigió hacia ella con cierta precipitación.  Era un mozo de metro sesenta, estrecho de hombros con vientre prominente y unas nalgas que parecían dos grandes sandias.  Los hermosos muslos del príncipe enfundados en calzones de delicada seda rozaban uno con otro al andar y producían un frú frú encantador...o eso creía él.

Comenzó a bailar con Cenicienta apretando contra ella sus generosos michelines y de cuando en cuando su boca, a la altura del busto de ella babeaba haciendo caer saliva por el "canalillo" de la dama.

Aunque todos decían del príncipe que era un extraordinario bailarín, lo cierto es que Cenicienta se libró de acabar con los pies destrozados gracias a que su previsora Hada Madrina le había fabricado unos zapatos de duro cristal, tal era la cantidad de pisotones que le propinó el príncipe.

La noche transcurría alegre y festiva para los asistentes al baile, que no dejaban de admirar a la bella Cenicienta y ésta se había resignado ya a bailar solamente con el príncipe.

Le parecía que la mirada de éste era sumamente lasciva, pero no estaba muy segura ya que sus ojos miraban en direcciones distintas.  Cuando uno miraba al frente, el otro se desviaba hacia fuera, sin embargo uno de ellos invariablemente se mantenía fijo en su generoso escote.

Alrededor de las once de la noche, Cenicienta advirtió que su "canalillo" se encontraba repleto por las babas del príncipe y a punto de desbordarse, asi mismo su cara estaba completamente salpicada por los "perdigones" que éste le lanzaba al hablar, pues a su amarillenta dentadura le faltaban algunos dientes.  Además estaba algo mareada, no por el baile, no, es que el aliento del príncipe olía como si tuviera un animalíllo muerto dentro de su boca.  Amablemente solicitó que la excusara pues debía ir a la toilette para "empolvarse la nariz".

Con gran disimulo fue aproximándose a la puerta de salída y una vez fuera huyó despavorida, dejando en su precipitada carrera uno de sus zapatos de cristal.


Al dia siguiente un mayordomo de palacio iba de casa en casa probando a todas las damas el susodicho zapato de cristal.  Cenicienta sugirió a sus hermanastras que tuvieran durante un buen rato los pies en hielo y posteriormente los untaran con aceite para que pudieran calzarlo cuando les llegara el turno y mientras tanto ella permaneció oculta en la cocina.


El mayordomo de palacio, un guapo y fornido mozo, después de probar inútilmente el zapato a las hermanastras de Cenicienta, solicitó entrar en la cocina pues le había parecido oir algún ruido en ella.

Al ver a la espectacular Cenicienta los ojos se le abrieron como platos, y también ella se sintió inmediatamente atraida por el apuesto mayordomo.  Este le informó de cual era su cometido y Cenicienta le sugirió que probara nuevamente con sus hermanas.  Tras un considerable esfuerza logró introducir el aceitado pie de una de ellas en el zapato, asi que inmediatamente la subió a la carroza y la llevó a palacio.

A la mañana siguiente volvió a casa de Cenicienta y le propuso que se fugaran ese mismo dia, a lo que ella accedió sin dudarlo un instante.  Se dice que tuvieron una feliz y larga vida juntos.

Se cuenta que también la hermanastra fue feliz como princesa, y que tuvo varios hijos, cada uno de ellos de un oficial distinto de entre los muchos que componían su guardia personal.


  1. Y colorín colorado......