AMOR ADOLESCENTE
Lo suyo podia decirse que era realmente un amor adolescente. Para ambos era su primer amor y aunque bastante jóvenes los dos, lo cierto es que tanto José Maria como Inmaculada hacia ya años que habian dejado atrás la adolescencia.
Compartían profesión, si bien desempeñaban su trabajo en distintos lugares dentro de la misma ciudad.
Se habían conocido de manera casi casual en un curso de formación en el que se pretendía perfeccionar los sistemas de trabajo encaminados a una mayor eficiencia en sus respectivos cometidos.
La primera vez que sus miradas se cruzaron, ambos sintieron una cierta sensación de simpatía que en un principio asumieron como algo natural pero que les impulsó a estar próximos durante todas las jornadas que duró el ciclo formativo.
Conforme iban transmitiéndose ideas, inquietudes y puntos de vista se daban cuenta de que era mucho lo que compartían y la inicial simpatía se iba transformando en un sentimiento más profundo, pero que ninguno de los dos parecía querer reconocer.
Con tristeza vieron como acababa este ciclo formativo, asumiendo que cada uno iba a volver a su vida y a su trabajo y que no tendrían demasiadas oportunidades de coincidir nuevamente, a menos que alguno de los dos provocara un nuevo encuentro, cosa que tanto a el como a ella les parecía poco probable.
No obstante, a los pocos dias José Maria la llamó por teléfono solicitándole una cita para cambiar impresiones sobre como estaban resultando en la práctica las enseñanzas recibidas en el cursillo realizado. Ella aceptó y se vieron en un paseo frente al mar donde caminaron durante horas charlando animadamente. Iban bastante juntos y de vez en cuando, quizás de forma deliberada, rozaban el brazo de uno con el otro y cuando esto se producía sentían una especie de calor que les inundaba todo el cuerpo.
Los paseos se iban repitiendo y de vez en cuando, como algo natural dentro de la conversación se cogían las manos con ternura y posiblemente con algo de vergüenza.
En uno de los paseos, en un momento en el que todo su entorno estaba solitario, él aproximó su boca a la de ella y aunque con bastante torpeza permanecieron besándose durante unos segundos. Después continuaron el paseo en silencio y se despidieron sin más.
No advirtieron que desde un edificio próximo alguien les había visto. Era uno de los compañeros de profesión que también había asistido al cursillo en el que se conocieron.
Al día siguiente, uno de los superiores de José Maria le llamó y le hizo saber lo improcedente de su actitud con Inmaculada, así como la manera en que estaba frustrando las expectativas que se habían puesto en su carrera profesional.
Esa misma tarde, José Maria aceptó un puesto como Secretario del Obispo en una Diócesis a mas de setecientos kilómetros de distancia.
Sor Inmaculada también fue llamada al orden, pero ella con mayor claridad de ideas, se limitó a dejar el convento.


