martes, 6 de mayo de 2014




ZAPATOS.- (LA VERDADERA HISTORIA DE CENICIENTA)
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Aquella noche el Hada Madrina habia realizado su gran milagro.  La calabaza era una magnífica carroza, los ratones briosos corceles, el perro un elegante cochero y Cenicienta lucia un maravilloso vestido.

En la puerta del palacio se apeó de la carroza y penetró en el salón de baile.  Con su casi metro ochenta, sus medidas de 90.60.90 y su generoso escote, dejó a los asistentes admirados.

El Príncipe advirtió inmediatamente su presencia y se dirigió hacia ella con cierta precipitación.  Era un mozo de metro sesenta, estrecho de hombros con vientre prominente y unas nalgas que parecían dos grandes sandias.  Los hermosos muslos del príncipe enfundados en calzones de delicada seda rozaban uno con otro al andar y producían un frú frú encantador...o eso creía él.

Comenzó a bailar con Cenicienta apretando contra ella sus generosos michelines y de cuando en cuando su boca, a la altura del busto de ella babeaba haciendo caer saliva por el "canalillo" de la dama.

Aunque todos decían del príncipe que era un extraordinario bailarín, lo cierto es que Cenicienta se libró de acabar con los pies destrozados gracias a que su previsora Hada Madrina le había fabricado unos zapatos de duro cristal, tal era la cantidad de pisotones que le propinó el príncipe.

La noche transcurría alegre y festiva para los asistentes al baile, que no dejaban de admirar a la bella Cenicienta y ésta se había resignado ya a bailar solamente con el príncipe.

Le parecía que la mirada de éste era sumamente lasciva, pero no estaba muy segura ya que sus ojos miraban en direcciones distintas.  Cuando uno miraba al frente, el otro se desviaba hacia fuera, sin embargo uno de ellos invariablemente se mantenía fijo en su generoso escote.

Alrededor de las once de la noche, Cenicienta advirtió que su "canalillo" se encontraba repleto por las babas del príncipe y a punto de desbordarse, asi mismo su cara estaba completamente salpicada por los "perdigones" que éste le lanzaba al hablar, pues a su amarillenta dentadura le faltaban algunos dientes.  Además estaba algo mareada, no por el baile, no, es que el aliento del príncipe olía como si tuviera un animalíllo muerto dentro de su boca.  Amablemente solicitó que la excusara pues debía ir a la toilette para "empolvarse la nariz".

Con gran disimulo fue aproximándose a la puerta de salída y una vez fuera huyó despavorida, dejando en su precipitada carrera uno de sus zapatos de cristal.


Al dia siguiente un mayordomo de palacio iba de casa en casa probando a todas las damas el susodicho zapato de cristal.  Cenicienta sugirió a sus hermanastras que tuvieran durante un buen rato los pies en hielo y posteriormente los untaran con aceite para que pudieran calzarlo cuando les llegara el turno y mientras tanto ella permaneció oculta en la cocina.


El mayordomo de palacio, un guapo y fornido mozo, después de probar inútilmente el zapato a las hermanastras de Cenicienta, solicitó entrar en la cocina pues le había parecido oir algún ruido en ella.

Al ver a la espectacular Cenicienta los ojos se le abrieron como platos, y también ella se sintió inmediatamente atraida por el apuesto mayordomo.  Este le informó de cual era su cometido y Cenicienta le sugirió que probara nuevamente con sus hermanas.  Tras un considerable esfuerza logró introducir el aceitado pie de una de ellas en el zapato, asi que inmediatamente la subió a la carroza y la llevó a palacio.

A la mañana siguiente volvió a casa de Cenicienta y le propuso que se fugaran ese mismo dia, a lo que ella accedió sin dudarlo un instante.  Se dice que tuvieron una feliz y larga vida juntos.

Se cuenta que también la hermanastra fue feliz como princesa, y que tuvo varios hijos, cada uno de ellos de un oficial distinto de entre los muchos que componían su guardia personal.


  1. Y colorín colorado...... 




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