EL GRIEGO
Ulises Papadopoulos regresaba a su casa de Atenas en un
estado verdaderamente lastimoso, tenia 63 años y volvia sin dinero, enfermo y con escasas fuerzas.
Hace 20 años, al salir de una taberna de la calle Mikalis en el barrio de Vironas, fui secuestrado por varios individuos encapuchados e introducido por la fuerza en un furgón que se dirigió al puerto de El Pireo, donde con unos modales bastante bruscos me embarcaron en un viejo carguero que zarpó del puerto a las pocas horas.
Después de dos dias de navegación fui desembarcado en Beirut, donde nuevamente me introdujeron en un furgón y me llevaron a una especie de fortaleza a las afueras de la ciudad. Alli me sometieron a un brutal interrogatorio por parte de unos individuos con uniforme, pero que no parecían representar a un ejército regular debido a lo variado de sus indumentarias. Por mis conocimientos de inglés y algo de árabe, pude convencerlos al cabo de dos dias de golpes y malos tratos, de que no era el individuo que buscaban, al parecer un turco al servicio del Mosad israelí.
Al convencerse de que efectivamente no era la persona que buscaban, decidieron que lo mejor era deshacerse de mi de forma limpia, es decir, un tiro en la cabeza y a otra cosa. Ante lo apurado de mi situación me ofrecí para formar parte de una milicia y luchar con ellos contra los señores de la guerra rivales. Después de unos minutos de discusión que me parecieron interminables aceptaron mi propuesta y durante varios años estuve atrapado en esta situación y luchando por los barrios de Beirut sin saber por qué ni para quien luchaba. Sospecho que la mayor parte de mis compañeros de milicia tampoco lo sabían, pero en la situación del pais no tenían demasiadas alternativas y su militancia les permitía vivir bien y disponer de dinero, comida y ciertos lujos que no habrían obtenido de otro modo.
En uno de los combates fuimos cercados por soldados del ejército de Israel y junto con varios de mis compañeros de milicia hecho prisionero. A tres de nosotros (dos franceses de origen argelino y yo) nos entregaron al ejército de los EE.UU. e inmediatamente se nos trasladó a una prisión en Kabul.
fue sometido nuevamente a duros interrogatorios siendo inútiles toda clase de explicaciones que pudiera dar. Parecía que mis palabras únicamente se considerarían si confirmaban lo que ellos pretendian que yo fuera.
Liberado por los talibanes durante el traslado a otra prisión, nuevamente me enrolaron con un señor de la guerra, todavía más despiadado en sus acciones que los milicianos libaneses. Tras años de luchas con esta tribu, e igual que en Líbano sin saber por qué ni para quien luchaba conseguí huir junto con uno de los argelinos que había llegado conmigo desde Beirut.
Tras múltiples penalidades y a través de Irán, llegamos al Golfo de Omán donde pude pedir auxilio en un carguero griego y regresar nuevamente a Atenas.
Y esta es la historia que Ulises Papadopoulos le contó a su mujer. Se habia ido de casa una soleada mañana del mes de Abril de hace 20 años diciendo "Penélope, cariño, cuida de Telémaco que yo voy a salir un momento a comprar tabaco".....


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