domingo, 30 de marzo de 2014

EL PENDULO






Continuaron nadando hacia la nada para la eternidad....

Pero el destino es caprichoso, unas veces para bien y otras para lo contrario.  En este caso, parece  que fue para lo contrario.

Cuando ya se les acababan las fuerzas, esta vez fue Marga quien dijo eso de PARECE QUE HAY ALGO y Roberto respondió "¿Estas segura?"..Pues si, a lo lejos se distinguia la silueta de un pesquero que parecia acercarse a donde ellos se encontraban.

Roberto habia tenido la precaución de coger la pistola de señales y de introducir en un bolsillo impermeable de su chaleco salvavidas la cartera con sus documentos, tarjetas de crédito y algo de efectivo.

Al ver el pesquero, preparó las pistola de señales y lanzó una bengala confiando que fuera vista desde el mismo.  Este continuó acercándose y por fin estuvo tan próximo que los marineros pudieron oir sus gritos.

Es difícil describir la alegria que se experimenta en una situación que ya comenzaba a ser límite.  Fueron izados a bordo, abrigados con mantas y alimentados con un caldo caliente.

El pesquero les trasladó al puerto de Rodas y una vez en él, rechazaron cordialmente la ayuda que les ofreció el patrón del pesquero, explicando que tenian medios suficientes para subsistir.

Una vez en la ciudad de Rodas, todo resultó mucho más fácil al disponer de algún dinero en efectivo y tarjetas de crédito, asi como un documento provisional para Marga que expidió la policia local.  Compraron un teléfono móvil para comunicar a la familia en España sus peripecias y decirles que se encontraban bien afortunadamente.

Comentaban entre ellos su enorme suerte, en medio de la desgracia de perder el barco, si bien en este aspecto confiaban en ser resarcidos por la aseguradora a su vuelta a España.  Totalmente recuperados del susto, decidieron aprovechar su estancia en Rodas para conocer la isla y pasar en ella unos dias de descanso.

Personas positivas y vitales, se dedicaron a visitar los impresionantes monumentos de la isla.  Alli se encontraba el castillo de los Caballeros de la orden de San Juan de Jerusalén, la Acrópolis de Lindo, La Mezquita de Solimán y un gran número de cosas interesantes de distintas épocas.

Al atardecer solian dar largos paseos por el puerto y las proximidades donde habia infinidad de comercios para turistas, restaurantes, etc

En uno de los paseos les abordó un adivino con un péndulo y les dijo en un  inglés bastante aceptable "¿Vosotros sois los naufragos?. Yo podria adivinar con la ayuda del péndulo y sobre un mapa el punto exacto donde se encuentra hundido vuestro barco e incluso a que profundidad"

Marga que hablaba un inglés fluido le tradujo a Roberto las palabras del "Adivino" y ambos, personas cultas y poco crédulas se rieron divertidos.

El adivino les insistió tanto que a falta de mejor ocupación, sacaron un libro de  los que se venden a los turistas en el que a doble pagina habia un mapa del archipiélago.  El "adivino" colocó sobre el mapa el  péndulo y éste comenzó a girar, pero poco a poco fue derivando hacia un punto concreto del mapa, distante unas 10 millas del puerto de Rodas.  También les comentó que en esa zona el velero estaria como máximo a 15 ó 20 metros de profundidad, por lo que se veria perfectamente desde la superficie.

Al dia siguiente comentaron un tanto divertidos la posibilidad de alquilar un barco en el puerto y ver si efectivamente su barco estaba donde les habia indicado el del péndulo.  Asi lo hicieron y dirigiéndose a un pescador negociaron el precio de la excursión y partieron para esta nueva aventura.

El marinero les contó durante el trayecto la historia del famoso Coloso que según Plinio el Viejo tenia una altura de 70 codos (32 metros) y estaba hecho con planchas de bronce sobre un armazón de hierro.

Destruido por un terremoto sobre el 226 A.C. sus restos fueron rescatados sobre el 654 por un árabe que los vendió a un judio de Edesa, el cual precisó de 900 camellos para transportarlos

A todo esto y antes de llegar a la zona donde presumiblemente se habria hundido su yate, se desató un fuerte viento y el pequeño pesquero iba casi a la deriva.

De pronto sintieron un fuerte golpe en el costado del pesquero y éste se hundió en pocos minutos. "EL PENDULO DE LOS COJONES" exclamó Marga.

Provistos de chalecos salvavidas los tres comenzaron a nadar en dirección a la isla.  De pronto Roberto dijo
"PARECE QUE VEO ALGO"  "Estas seguro de que hay algo" NO, NADA, y siguieron nadando hacia la nada para la eternidad....O NO?.......





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