domingo, 30 de noviembre de 2014




                               PIEDAD E IMPIEDAD



En aquel curso de 1958 - 1959, Manolito realizaba el último curso de Primaria en el Colegio de los Padres Escolapios.  El año próximo comenzaría el Bachiller Elemental en el único instituto de la ciudad.

Era un alumno inteligente, dócil y aplicado, destacando como uno de los mejores de la clase.  Su padre un terrateniente que no sabía nada de agricultura confiaba sus fincas a un administrador y aunque sospechaba que le robaba, continuaba manteniéndole por su eficacia y por su falta de escrúpulos para tratar a los trabajadores de sus fincas, de los que obtenía un excelente rendimiento a cambio de unos salarios de hambre.

Su madre, persona muy piadosa y de misa diaria sentía una gran ilusión porque Manolíto, el mayor de los seis hermanos, fuera sacerdote, y asi lo tenía comentado con el padre Próculo, director del colegio.

El padre Próculo no tenia tan claro que el futuro del niño fuera el sacerdocio con lo que implicaba la fe, disciplina, amor a la Iglesia y a la madre Patria.

Recientemente en la clase de Religión y Moral, habia tenido la desfachatez de preguntar al profesor que si Caín era pastor y Abel agricultor, como era posible que los hombres primitivos vivieran de la caza, de la pesca y de la recolección de frutos silvestres y que no conocieran ni la ganaderia ni la agricultura.  Por toda respuesta el profesor le dijo que era un estúpido y le dió un capón.

No obstante, ante la insistencia de la madre al comenzar el curso siguiente Manolíto ingresó en el Seminario donde fue cursando el Bachiller y los estudios propios de su futura condición de sacerdote.

Un verano cuando Manolíto tenia ya 13 años, y se encontraba de vacaciones en la masía donde veraneaba la familia, vio por una puerta entreabierta a una de sus primas bañándose en un barreño, desnuda, enjabonada y echándose cuencos de agua por el cuerpo.

Las hormonas de Manolíto se pusieron en funcionamiento y se fue a toda prisa a su habitación a masturbarse.  Ese día comprendió que lo suyo no era el sacerdocio y muy decidido lo comentó con su padre.  Este, que nunca estuvo de acuerdo con su esposa accedió inmediatamente a que dejara el Seminario.

Acabado el verano, comenzó a llevarle con él a las cacerías organizadas por empresarios y capitalistas adictos al régimen, a las que asistían también miembros de la clase política, ministros y algún que otro obispo.

En una ocasión, un obispo de prominente barriga, después de matar un venado comentó "Me da una cierta lástima matar asi a un animal tan hermoso pero dice la Biblia en el Génesis 27, 7, TRAEME CAZA Y PREPARAME GUISADOS PARA QUE COMA Y TE BENDIGA DELANTE DEL SEÑOR,  asi que Dios también acepta la caza como una actividad santa para el hombre"

En estas cacerías aprendió Manolíto todas las trampas, chanchullos y sobornos que ahora con más de 50 años practicaba en los negocios de la construcción.

Asociado con algunos políticos y sobornando a los más, había conseguido una gran fortuna, que naturalmente tenia en paraísos fiscales.  Sus sociedades en España prácticamente descapitalizadas o con propiedades en terrenos de escaso valor habían sido embargadas por Bancos y Cajas de Ahorros, pero esto prácticamente solo afectaba a unos miles de trabajadores que habían quedado sin empleo.  Su patrimonio personal se mantenía prácticamente 
intacto.

Sus trabajadores, absolutamente desagradecidos por haberles dado trabajo en las épocas de bonanza, le acusaron de estafador, de haberse enriquecido a su costa e incluso de falta de piedad por dejarles en paro y sin las indemnizaciones que de acuerdo con la ley les correspondían al haber descapitalizado sus empresas.

Manolíto, ahora Don Manuel, rechazó en su fuero interno estas acusaciones.  El continuaba siendo un fervoroso creyente, de misa y comunión semanal y su esposa además ayudaba a alguna que otra institución de caridad.

¿Piedad?, ¿Impiedad?...Cuestión de puntos de vista....








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